Somos más, pero somos menos…

Somos más, pero somos menos…

Retomo este tema de gran preocupación en las iglesias de América Latina hoy. ¿Cómo es posible decir que ambas cosas son ciertas y reales? aquí está expresada mi opinión. Para nadie es un secreto que, con excepción de Costa Rica probablemente, el crecimiento de las iglesias cristianas en Latinoamérica, en los últimos años, ha sido constante, y generalmente sostenido, llevando a tener, en algunos países, cifras de cristianos evangélicos, por arriba del 25 o 30 % de la totalidad de la población.

Esa es entonces la primera afirmación verdadera, somos más, cada día somos más. Más personas que forman parte de las iglesias, que asisten, que se congregan, es decir, cada día, el número de iglesias y el número de asistentes a las mismas, es mayor, por eso reitero que somos más.

La segunda afirmación, que es verdadera también, aunque suene paradójico, es que somos menos influyentes, menos incisivos, menos determinantes, en los cambios de comportamiento social, de moral social, de ética social e individual. Es decir, el hecho que seamos más, en número de “creyentes”, no determina mayor influencia social.

¿Cuáles pueden ser las razones para esta paradoja? Tengo algunas ideas para compartir.

Primera, Las deficiencias en la evangelización hace que las iglesias en general y los creyentes en particular; den prioridad a resultados inmediatos, a cifras y “cantidades” de personas que hacen la oración de fe. Muchas de las estrategias de evangelización “modernas”; buscan que las personas insatisfechas o que viven problemas familiares, sociales, económicos, “vengan” a Cristo, en búsqueda de soluciones a esos dilemas inmediatos; algunos se quedan por agradecimiento, otros migran a nuevas experiencias cristianas, ya que el primer impacto pasó en sus efectos. En muchos de estos casos no hay un auténtico nuevo nacimiento, no hay arrepentimiento, no hay conversión; pero hay mas asistentes a la iglesia.

Segunda, independiente de si hay una conversión genuina o no, lo preocupante son las deficiencias en el discipulado, ya que, muchas veces, ese seguimiento o acompañamiento al nuevo creyente, se da por un período corto o carece de contenidos profundos, transformadores; de tal manera que no se forman discipulos sino seguidores, con poco compromiso en el desarrollo de sus dones y de sus ministerios; de allí el síndrome del 80 – 20. El 80% de los “miembros” de la iglesia, esperando que el 20% restante haga la tarea.

Es por esto quizá que, a pesar de tener un crecimiento visible, en el número de participantes en las iglesias, no tengamos el mismo nivel y volumen de influencia en la sociedad, en procura de cambios reales, impactantes y significativos. Por todo esto es que digo que: “Somos más… pero somos menos”.

Añadir Comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Phone: 3005215708
Barrio San Fernando
Carrera 31 # 6-37