¿Te ha llamado Dios? ¿Cuál es tu ministerio?

¿Te ha llamado Dios? ¿Cuál es tu ministerio?

El apóstol Pablo le escribe a su amigo y discípulo Timoteo (II Timoteo 2: 1-15) y le recuerda que debe avivar el don de Dios  que posee, que le ha sido dado, y que debe procurar, por todos los medios,  poner al servicio de Dios, día a día, su don o sus dones, en el desarrollo de un ministerio fructífero que ayude en la extensión del Reino de Dios y que bendiga la vida de las personas que se encuentran a su alrededor.

Todo creyente, toda persona realmente nacida de nuevo, posee como sello en su vida, la presencia y la manifestación del Espíritu Santo día a día. Este mismo Espíritu le otorga uno o más dones (carismas en griego), para que, a través de ellos, sirva a Dios, es por esto que, en este pasaje, Pablo le dice a Timoteo, y por medio de él, a todos nosotros, que tenemos el deber de avivar, reavivar ese fuego, ese deseo ferviente de servir a Dios de una manera comprometida, desinteresada y con la mejor preparación posible.

Debemos recordar que ningún creyente posee la totalidad de los dones espirituales, es por esto que la iglesia es un cuerpo, en el cual cada miembro aporta su ministerio y sus dones al crecimiento integral de ese mismo cuerpo. Y, aunque ningún creyente posee la totalidad de los dones, si es claro que todo creyente, toda persona realmente nacida de nuevo, posee uno o más dones espirituales; los cuales debe poner al servicio de Dios día a día, sin excusas, sin justificaciones; lo que recibes de Dios, debes compartirlo con otros.

El mismo Señor Jesucristo llamó la atención de sus discípulos cuando en una ocasión les dijo: “¿por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que yo les digo?”   Es que la obediencia, es el sello de los que realmente aman a Dios, siguen sus mandamientos y hacen su obra. De nada sirve decir que amo al Señor, como mi salvador, pero no estar dispuesto a servirle como mi Señor.

Si realmente estamos convencidos que somos salvos, porque hemos nacido de nuevo, es nuestro deber servir diligentemente al Señor, día a día, usando nuestros dones espirituales, nuestros talentos y nuestras habilidades; todas ellas deben estar al servicio de Dios, para que al final podamos ser reconocidos como obreros aprobados por el Señor.

Amado hermano o hermana, Dios te ha bendecido redimiendo tu vida, concediéndote una salvación tan grande, sólo debemos, en actitud de agradecimiento, disponernos para servirle.  Hay muchas cosas que podrías hacer para servir a Dios; la iglesia tiene múltiples tareas que cumplir, y tú puedes ser parte de ellas. Pablo le recuerda a usted, lo mismo que a Timoteo, que es su deber avivar el fuego del don de Dios que Él le ha concedido.

No espere más, no saque más excusas, dígale ahora al Señor, como dijo en su momento el profeta Isaías “Heme aquí, envíame a mí”. 

Dispóngase en las manos de Dios, sirva a través de su iglesia, avive el fuego del don de Dios que reposa sobre usted, no pierda la bendición de servir a Dios.  Identifique sus dones espirituales, explore los ministerios de la iglesia y dispóngase a servir al Señor, un ministerio está esperando por usted, la iglesia, como cuerpo de Cristo, lo necesita.  

No descuide el don de Dios que está en usted, no deje que otros hagan lo que usted debe hacer, disfrute de servir a Dios, prepárese y hágalo de la mejor manera, recuerde las palabras del Señor Jesucristo: “¿Por qué me llaman Señor, ¿Señor, y no hacen lo que yo les digo?”, la obediencia y el servicio, son características de los verdaderos discípulos.

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